El momento correcto: cuándo un seguro de vida deja de ser una opción y se convierte en una decisión
Contratar un seguro de vida suele posponerse bajo la falsa idea de que siempre habrá tiempo. Sin embargo, la experiencia financiera demuestra lo contrario: el mejor momento no está marcado por la edad, sino por la responsabilidad adquirida.
El punto de partida suele aparecer con los primeros compromisos reales: un ingreso estable, una familia que depende de ese ingreso o un patrimonio que merece continuidad. En ese instante, el seguro de vida deja de ser un producto financiero y se convierte en una herramienta de orden.
Desde una perspectiva prudente, contratarlo temprano ofrece ventajas claras. Las primas suelen ser más accesibles, las coberturas más amplias y la evaluación médica menos restrictiva. Postergarlo, en cambio, expone a condiciones menos favorables justo cuando la necesidad es mayor.
Otro momento clave es el crecimiento patrimonial. Créditos hipotecarios, negocios familiares o inversiones relevantes requieren un respaldo que garantice estabilidad ante cualquier eventualidad. El seguro de vida actúa como un puente silencioso entre el presente y la continuidad futura.
En esencia, no se trata de anticipar tragedias, sino de preservar lo construido. La previsión es una forma de respeto hacia quienes dependen de nuestras decisiones hoy.
Fuente
CONDUSEF – Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros
Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS)
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