La primera impresión no se improvisa: el arte silencioso de convencer en una entrevista



En una entrevista, los primeros minutos deciden más de lo que parece. Presencia, lenguaje y criterio marcan la diferencia entre ser escuchado o simplemente evaluado.

La primera impresión en una entrevista de trabajo no es un detalle superficial: es un lenguaje completo que se expresa antes de la primera respuesta. En pocos segundos, el entrevistador percibe seguridad, coherencia y madurez profesional. No se trata de actuar, sino de estar preparado.

La presencia es el primer mensaje. Vestir de forma adecuada al contexto —sin excesos ni descuidos— demuestra respeto por la institución y comprensión del entorno. La elegancia, en este caso, es discreción: prendas limpias, bien ajustadas y acordes al puesto comunican orden interno.

El lenguaje corporal refuerza o contradice las palabras. Una postura erguida, contacto visual natural y movimientos controlados proyectan confianza. Evitar gestos nerviosos o actitudes defensivas permite que la conversación fluya con mayor credibilidad. El silencio oportuno, lejos de ser un error, suele transmitir reflexión.

La puntualidad merece una mención especial. Llegar con anticipación moderada revela disciplina y consideración. Llegar tarde, aunque se justifique, deja una sombra difícil de disipar. En entornos profesionales exigentes, la forma sigue siendo fondo.

La preparación intelectual completa el cuadro. Conocer la empresa, entender el puesto y articular respuestas claras demuestra interés genuino. No se espera perfección, sino criterio. Quien escucha con atención y responde con honestidad suele destacar más que quien intenta impresionar sin sustancia.

Una buena primera impresión no garantiza el puesto, pero una mala puede cerrarlo de inmediato. En un mundo laboral cambiante, los valores clásicos —respeto, claridad y presencia— siguen siendo una ventaja competitiva silenciosa.


Fuente
Harvard Business Review – Estudios sobre entrevistas laborales y percepción profesional.

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